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Reseña Histórica de Medicina

La docencia médica se inicia en San Cristóbal a raíz de la inauguración del Hospital Central en 1958, con la creación de cursillos vacacionales para estudiantes de Medicina de la región.

El comité de Docencia del Hospital y la recién fundada Asociación de Estudiantes Tachirenses de La Universidad de Los Andes (AETULA) realizaron una serie de gestiones que culminaron en el año 1960 con la adscripción de los servicios de Cirugía y Pediatría del Hospital Central a las Pasantías Clínicas del quinto año de Medicina de la ULA. Para esa misma época se hace presente en San Cristóbal una Comisión de la Universidad Católica Andrés Bello, con el propósito de estudiar la factibilidad de una Escuela de Medicina privada. Estos estudios no tuvieron éxito por problemas de índole económico. En vista del excelente rendimiento. Obtenido en las pasantías de Cirugía y Pediatría, en el año 1966 la ULA extiende la docencia a los servicios de Medicina Interna Gineco- Obstetricia y Medicina Preventiva.

Luego de un estudio analítico y la gestación de un proyecto de reorganización de las pasantías, presentado y aprobado por las Autoridades Universitaria, en 1972, se obvia definitivamente esa situación con la creación de la Coordinación Docente de la Extensión de Medicina en San Cristóbal cuyo primer titular fue el Dr. Francisco Romero Ferrero a quien le siguió en el cargo el Dr. Hernán González Valecillos, posteriormente fueron designados Coordinadores Docentes los Dres. José Ramón Rosales Parilli, Julio Omaña, Nelson Sanguinetti y Nora Sánchez. A partir de entonces, se produce un mejoramiento sustancial en la organización y planificación de estudios que conduce al establecimiento en 1973 del Bienio Clínico, egresando en los dos años siguientes, las primeras promociones de Médicos. En 1974, egresa la primera promoción de Médicos que culminó su Bienio Clínico en San Cristóbal, apadrinada por el Dr. Francisco Romero Ferrero. Para 1975 se inician las actividades correspondientes al ciclo Preclínico en sus niveles de séptimo y octavo semestres, con lo cual se alcanza un nuevo escalón dentro del trabajo docente y en la meta por todos deseada de tener La Escuela de Medicina del Táchira.

Para ese momento el currículo típico de las Escuelas Medicas se dividían en 4 etapas horizontales:

  1. Ciclo básico con asignaturas de carácter general.

  2. Disciplinas básicas fundamentales y preclínicas con intensas enseñanzas teórica y experiencias de laboratorio.

  3. Estudios Clínicos con bastante enseñanza teórica y alguna experiencia medica en pacientes de hospital internados o ambulatorios.

  4. Internado rotatorio en ambiente hospitalario en instituciones de ambiente semiurbano y rural.

Como consecuencia de esta organización de la enseñanza medica los alumnos ven asignaturas que no tienen relación con su imagen del ejercicio profesional y las aceptan como requisito obligatorio pero de poca utilidad. Muchos conocimientos útiles no encuentran la oportunidad de aplicarse sino muy tardíamente en momentos que han escapado a la memoria. Existe la situación común de cada cátedra se atribuye una valoración relevante y tiene a presentar programas extensos de alto nivel de profundidad que sobrecargan al alumno. Asignaturas diferentes tocan temas comunes lo cual conduce a repeticiones incoordinadas con duplicación de esfuerzos y recursos que hacen la enseñanza más costosa.

Este plan de estudio, se cumplía en teoría en 6 años, divididos en 2 semestres anuales, estimados en 16 semanas cada uno, en la práctica estos semestres se manejan en un sistema abierto y llegaban a prolongarse hasta el doble del tiempo conduciendo que entre los retrasos y los paros universitario, la carrera duraba en promedio entre 7 y 8 años.

La carrera de medicina presentaba un plan de estudios a cumplirse en 6 años, dividido en semestre de aproximadamente 16 semanas de duración; en la práctica estos semestres se manejaban en un sistema abierto y llegaban a prolongarse hasta el doble del tiempo, conduciendo a, que entre los retrasos y los paros universitarios la carrera podía durar en promedio entre 7 y 8 años, ya se mencionó.

Los tres primeros años los pasaba el alumno inmerso en largas sesiones teóricas o en prácticas de laboratorio, adquiriendo conocimientos que al no poder traducir en la práctica, irían cayendo progresivamente en la nebulosa del olvido, sepultados invariablemente por la sobre carga de información que se continuaría recibiendo en el curso de estos tres años.

Así estudiaba una anatomía que poco le serviría cuando en el octavo semestre cursar Técnica Quirúrgica y comenzará a estudiar la Patología Quirúrgica y la Traumatología.

Tampoco le serviría las largas sesiones de Bioquímica y Fisiología para explicarse los trastornos neuroendocrinos y la relación de la crisis ulcerosa, con los trastornos de secreción gástrica o las manifestaciones de la insuficiencia cardiaca.

Las Ciencias Sociales y la Estadística devenían en una carga al no tener el estudiante la oportunidad de palpar en la práctica los problemas de conocimientos, en la solución de problemas reales.

Cuando llega a las clínicas, debía continuar recibiendo largas enseñanzas teóricas, puesto que era más fácil para un profesor cumplir su compromiso docente con 45 minutos de exposición teórica, no actualizada en los últimos 5 años, que conducir un alumno en la investigación de un problema u examinar con el, 20 pacientes en una consulta externa tratando de absorber (por lo superficial) en escasas 14 o 15 semanas, de pasantía “todo” el contenido de la patología médica, pediátrica, obstétrica y quirúrgica.

Posteriormente en el internado rotatorio, tendría que conformarse con ser un indolente observador de una revista asistencial, de pacientes ya diagnosticados, que transcurría en preguntar al residentes habían llegado los exámenes o si se había contestado la interconsulta pedida a tal o cual especialista.

La situación se agravó luego de la creación del bloque medico social, que traslado al último semestre de la carrera la asistencia del estudiante a los puestos de emergencia. Como se observa la oportunidad de examinar enfermos, y aprender su manejo no se presentaba al no estar habilitados para la docencia los servicios ambulatorios donde se podría realizar un ejercicio diagnóstico, de vital interés para las exigencia a que sería sometido el recién egresado posteriormente. Así que el novel médico, egresaba de nuestras universidades a cumplir funciones para las cuales no había sido preparado, e iba a una medicatura rural, similar aquella en la que trascurrió escasas 7 u 8 semanas de su entrenamiento, realizando un trabajo de carpeta, copiado textualmente año tras año, con el firme convencimiento de que el enfermo no había que examinarlo, ni mucho menos tomarse la tediosa molestia de hacerle una historia clínica, cuando es más fácil exigirle un considerable número de exámenes o pre inscribirle un sinfín de medicamentos.

Al no habérsele fomentado el hábito del estudio y la investigación, ni creado un vínculo afectivo y permanente con las comunidades a servir, estaba en esa medicatura, sin que su paso por ella se tradujera en algún beneficio para la comunidad, la cual continuaría mostrando los mismos problemas de salubridad, mientras los médicos luchaban por conseguir hacerse de una especialidad, a fin de entender un pequeño número de la elite lo cual le brindaría la oportunidad de reflejar la imagen del médico que le hemos ofrecido hasta el momento actual.

Esta realidad obligo a la Universidad de Los Andes bajo la rectoría del Dr. Pedro Rincón Gutiérrez, dentro del movimiento mundial tendente a renovar y adecuar los estudios de medicina, a estudiar un proyecto piloto para la formación de personal en las áreas de la Ciencia de la Salud y seleccionan a San Cristóbal, en base a su trayectoria en la docencia y a su organizada infraestructura medico asistencial para desarrolla un novedoso programa acorde con las nuevas tendencias en educación y en prestación; así nace el “Programa Académico de Ciencias de la Salud para el Estado Táchira” que incluía por supuesto la carrera de Medicina con un innovador diseño curricular.

El Programa Académico de Ciencias de la Salud para el Estado Táchira (PACSET).

El programa Académico de Ciencias de La Salud, con asiento en la ciudad de San Cristóbal, tenía por objeto forma personal profesional y técnico de varias disciplinas según se requiriera para prestar cuidados de salud, principalmente de tipo primario, a la población del Estado Táchira y sus áreas de influencia en particular, y a la población venezolana en general. Era propósito firme que al programa se vincularan íntimamente tanto la comunidad como el sistema completo de servicios da salud, dadas sus condiciones de usuario y empleador, respectivamente, del aludido personal. Igualmente, se esperaba que el Programa fuera diseñado conforme a las tendencias pedagógicas modernas y aprovechara las experiencias recientes en el campo de la educación médica y disciplinas afines.

La Comisión Promotora.

Como paso inicial para llevar a cabo este proyecto en mayo de 1977 se designó una Comisión Promotora, con sede en San Cristóbal, compuesta por representantes de diversos sectores de la colectividad; organismos oficiales, universitarios, profesionales, institucionales y estudiantiles, cuyas designaciones recayeron en los Dres. Hugo Murzi (Presidente), Francisco Romero Ferrero (Secretario Ejecutivo), Hernán González Valecillos, Pedro Pablo Morales; Ana Teresa Duque, Norman A. Cordero (Colegio Médico), Pedro Guedez Lima (Ministerio de Salud y Desarrollo Social), Sr. Miguel García (Cámara de Comercio), Sr. Jesús Romero Anselmi (Colegio Nacional de Periodista) y Br. German Torres (Estudiante). Esta comisión se encargaría de realizar los estudios y gestiones conducentes a poner en marcha el programa.

Desde el inicio de sus funciones quedó establecido que la Comisión Promotora contaría con el apoyo de todas las dependencias de la ULA en la medida en que fuera necesario. La Coordinación General de la ULA estuvo a cargo de un Grupo Planificador, compuesto por el Dr. Roberto Rondón Morales, Dr. Carlos Luis González y el Dr. Antonio Luis Cárdenas, en sus condiciones de Decano de la Facultad de Medicina, Comisionado Especial del Rector y Director General de Planificación y Desarrollo respectivamente.

Las excelentes instalaciones Sanitario – Asistenciales que poseía el Estado Táchira, así como las que se estaban construyendo, serían utilizadas en el programa como laboratorio de enseñanza siendo imprescindible que se implementarán los mecanismos para que los terrenos anexos a las edificaciones existentes (Hospital Central, Hospital Ambulatorio de Puente Real, etc.) y a las edificaciones en construcción (Centro de Salud de Rubio, San Antonio, el Piñal, etc.) Pudieran ser utilizados por la Universidad para construir edificaciones modulares que sirvieran para desarrollar estos programas docentes.

El proyecto adopta las nuevas tendencias de educación médica, fundamentadas del estudiante en actividades docentes asistenciales llevadas a efecto en los distintos niveles de atención de salud, empezando por el propio hogar, prosiguiendo sucesivamente por el Dispensario, la Medicatura Rural, El Centro de Salud, el Hospital Ambulatorio y finalmente el Hospital Central, para lo cual era imprescindible el desarrollo de construcciones modulares sencillas anexas a los Centros asistenciales ya mencionados.